Samuel
por Tomás Panell *
la traducción española por Francisco Delgado
Tomás: Buenas Noches
José: -----------
Tomás: Diles buenas noches José
José: Buenas noches José
Tomás: “Caramba”
José: ¿Pues, es lo que me dijo que dijera, verdad?
Tomás: ¡Vamos hacerlo de otra manera: Me da gusto verte aquí está noche!
José: ¿Por qué?
Tomás: Pues, porque estás aquí con nosotros.
José: Cualquier parte es mejor que estar encerrado en esta maleta.
Tomás: ¡«Hay» no es para tanto!
José: ¿Te gustaría hacer la prueba?
Tomás: José, tengo una curiosidad, ¿Qué quieres ser cuando seas grande?
José: ¡Jubilado!
Tomás: ¡Jubilado! ¿Cómo vivirías sin trabajar?
José: Igual que tú.
Tomás: En serio, José, no tenemos mucho tiempo y los niños quieren saber que harás de la vida?
José: Quiero estar cerca de Dios.
Tomás: ¡Es una ambición maravillosa!
José: ¡Claro, quiero escuchar consejos de Dios, para ir por buen camino!
Tomás: Nunca te arrepentirás
José: Bueno, pero hacerlo es otra cosa
Tomás: ¿Qué quieres decir?
José: ¡Sí, a eso me refiero!
Tomás: Buena pregunta, ¿José, pero sabias que hay uno niño en la Biblia que escuchó la voz de Dios? ¿Crees que los niños puedan adivinar su nombre?
José: Lo dudo, ellos son tontos. (¡Ha, ha, ha!)
Tomás: José, ¡no seas mal educado!
José: Pues, tú me dices «dummy»
Tomás: Ha, eso es porque tú si eres un «dummy», o sea un «titere».
José: Ya lo ven, ya me insulto otra vez
Tomás: Vamos, en serio, creo que si les damos la oportunidad. ¿Alguien sabrá quien era aquel niño del Antiguo Testamento que escuchó la voz de Dios. ¿Quién cree que lo sabe, su nombre empieza con las «S» Por supuesto, es Samuel, ¿pero, sabian que antes del nacimiento de Samuel, su madre, Hannah no podía tener hijos?
Jose: ¿Entonces, cómo le hizo con Hannah?
Tomas: Es lo que voy a explicar: Ella se lo pidió a Dios, y quizás lo hizo de esta manera: «O Dios, si solo tu me mandaras un hijo, yo lo pondría a tu servicio. Así fue como Dios escuchó y le mando un hermoso niño a quien le llamó...
José: Samuel
Tomás: Pero, sabes lo que significa la palabra «Pídele A Dios»
José: ¡Que bonito nombre!
Tomás: Claro, porque Hannah se lo pidió a Dios, ¿Verdad? Ella recordó la promesa que había hecho a Dios, y llevo al niño Samuel al templo para que sirviera a Dios. Una noche mientras que dormía, Samuel escuchó una voz que decía: «Samuel»
José: ¿Quién era?
Tomás: No te me adelantes, José, Samuel fue con el sacerdote, Elias, quien lo cuidaba, y le dijo: «aquí estoy» pero Elias no le había escuchado nada.
José: Seguro que tenía su televisor muy alto.
Tomás: Por favor, José, en ese tiempo no existía el televisor. Escuchó la voz de nuevo y fue con Elias quien no había escuchado nada. Samuel escuchó la voz por tercera vez. Y, ¿sabes lo que pasó?
José: ¿Elías le tiró «un» zapatazo?
Tomás: ¡NO, NO, NO!, Por su puesto que no.
José: ¿Elías le tiró «dos» zapatazos?
Tomás: ¡No, José! ¡Claro Que No! Elias no le tiró ningún zapatazo a Samuel.
José: Entonces, ¿Eli no podía encontrar sus zapatazos?
Tomás: ¡No! Mira, Elias le aconsejo que la próxima vez que escuchara la voz que dijera: «Dime Señor yo te escuchó.
José: ¿Entonces, era Dios quien hablaba? ¡Qué maravilloso!
Tomás: Sí, y como Dios hablaba con él. Samuel pudo hacer muchas cosas maravillosas en su vida.
José: Pues, eso es lo que yo deseo: ¿Cómo le hago para hablar con Dios?
Tomás: En verdad que siempre lo has hecho.
José: ¿En serio?
Tomás: Claro! Mira, Dios nos habla de muchas maneras. El nos habla cuando asistimos a la iglesia, por medio de las escrituras de la Biblia, y por medio de los canciones y alabanzas, y también por medio de la oración. Una de las razones que Samuel pudo hablar con Dios fue porque él estaba en un lugar como una iglesia. Si somos buenos cristianos y asistimos a la iglesia regularmente. Si leemos la Biblia y oramos todos los días, nos daremos cuenta que Dios nos habla de muchas maneras.
José: ¡No me párese bien! A mi me gustaría hablar directamente con Dios, para así saber qué hacer.
Tomás: José, aunque no escuchemos a Dios del mismo modo que lo escuchó Samuel, trata de recordar todos las maneras en que Dios se comunica diariamente con nosotros, y mantente cerca de Dios en todo momento. Así, cuando tu vida se termine, miraras hacía atrás y te darás cuenta como Dios te acompañaba en todo este tiempo. Bueno, es tiempo de regresarte a tu maleta.
José: ¡Un momento!
Tomás: ¿Y ahora qué quieres?
José: Quiero despedirme.
Tomás: Está bien
Jose: Hasta luego, ha sido muy divertido estar aquí con Uds.,¡ y ahora, me meterás a esa odiosa maleta!
Tomás: ¡Vamos, no es para tanto!
Jose: Oh no. ¿ Te gustaría cambiarme lugar?
Tomás: ¿Estás bien?
José: NO, ¿me das un poco de agua?
Tomás: No, no creo que la necesites.
* Este guión tiene su origen en un guión por Luther Cross
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© 1990, Tomás Panell
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